obra oficial y de uso público

En el pasado el arquitecto ejercía como interprete directo de las necesidades de la sociedad a la que servía. De este modo las propuestas de edificación se atenían en paralelo a los sustratos intelectuales latentes en la sociedad coetánea.

 

Las instituciones, autoridades o promotores de lo público actuales, responsables de la promoción de proyectos, toman la iniciativa en lo referente a considerar cuales son los bienes arquitectónicos necesarios y cuales no. Ello implica que se selecciona al arquitecto para ejecutar la resolución de unos objetivos previamente establecidos. El arquitecto se configura de este modo como ejecutor y se le priva de su papel para realizar el diagnóstico de las cuestiones de fondo y para plantear no tanto las respuestas sino las pertinentes preguntas arquitectónicas.

 

Reivindicamos el papel del arquitecto en esta última faceta. Nuestro trabajo teórico en los últimos años se encamina hacia la indagación, especialmente en el campo del museo, de la vivienda y del patrimonio, acerca de cuáles deben ser nuestras preguntas así como cuales deben ser los objetivos de los programas arquitectónicos.